El amor por el Ser



Solo el amor por el Ser abre la puerta de la meditación.

El amor por el Ser es la indiferencia con respecto a todo lo que no es el Ser.

Todos los pensamientos, todas las sensaciones, todas las percepciones son acogidas con esa indiferencia benevolente. 

Esta indiferencia benevolente no se puede simular, solo puede ser espontánea y natural. Y solo el amor por el Ser produce esa espontaneidad, ese desapego natural. En tanto no se haya roto la cuerda permanecemos atados.

El sentimiento de carencia que experimentamos y, que a menudo consideramos como algo de lo que hay que deshacerse y como la fuente de nuestra miseria, es de hecho el faro que nos muestra la verdadera dirección.

Se dice en las escrituras: “No me buscarías si no me hubieses ya encontrado”. 

El deseo por el Ser viene del Ser mismo, de la experiencia del Ser. Y el sentimiento de carencia es la carencia del Ser. No echaríamos en falta al Ser si no supiésemos ya lo que nos falta, si no conociésemos ya al Ser.

La meditación es un retorno natural al Ser. 

Está contenido en el deseo, en ese sentimiento de carencia, y que está dirigido a los objetos: pensamientos, sensaciones, percepciones a los que se apega. Basta con simplemente dejar ir todas esas cosas. Dejar al amor que es la llave de la liberación de todas esas cosas y posee la llave de ese dejar ser, dejar hacer, de ese abandono.

Cuando comprendemos que es el amor verdadero el que nos lleva hacia el Ser y que los objetos habituales de deseo no sabrían, no pueden aportarnos aquello que deseamos, entonces, no hay nada que se oponga a ese abandono. 

Las cosas van y vienen simplemente; y más allá se revela el perfume de la presencia.


(Meditación dirigida por Francis Lucille en Barcelona, julio 2010)

Solamente el Ser puede recordarse a sí mismo (sub. español)





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En este vídeo le plantean a Francis varias proposiciones que él va asintiendo o corrigiendo en torno a las indefinidas expresiones del Ser y la cuestión del despertar. El núcleo fundamental del tema, al que se remite Francis una y otra vez, es que: "Las expresiones del Ser no pueden recordar su verdadera naturaleza. Solo el Ser puede recordarse a él mismo, solo la verdad reconoce a la verdad, solo la consciencia reconoce a la consciencia".


Vídeo original del Canal de Francis: https://www.youtube.com/watch?v=pTZTzJb9y-U

La experiencia mística




En mi corazón y fuera de él, no hay nada más que Él.
En mi cuerpo, la vida, la vena y la sangre, todo es Él;
¿Cómo, entonces, sería posible la incredulidad o la fe?
Pues todo es Él, no hay duda alguna en mi ser.

Jalaluddin Rumi.

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Interlocutor: Cuando tenemos una visión mística, ¿eso se debe a la identidad personal que se apega?

Francis Lucille: La experiencia de Dios viene de Dios. Es una revelación en la cual Dios nos dice: “Existo, no te preocupes, existo”.

Pero en la ignorancia el místico dice: “Sí, pero yo también existo, y acabo de recibir la visita de Dios”. Pero, en este caso, la felicidad que acompañaba a la visita de Dios desaparece; porque “yo existo” en tanto que entidad separada, es el antídoto de la felicidad.

Entonces, el místico queda nostálgico y sufre, ora, llama y hace un montón de cosas para volver a recibir la visita de Dios. Entonces llega un momento en que Dios “está harto de escucharle llorar” y le envía un libro sobre la no-dualidad para que le deje en paz.

Pero es una revelación muy importante dado que porta la promesa de la felicidad. Pero todavía queda un residuo de arrogancia que consiste en presentarse ante la faz de Dios como una realidad independiente. 

Había un místico en Francia en los años setenta o un poco antes que se llamaba Lanza del Vasto. Hizo un viaje a la India y fue a visitar a Ramana Maharshi y, al salir de la entrevista con Ramana, dijo: “Yo, por lo menos, sé que no soy Dios”. Lo cual era su problema: la arrogancia de existir como una entidad separada.

Entonces, de la experiencia mística, con lo único que habría que quedarse es con la revelación de que Dios existe. Y desde ahí ir a la revelación “solo Dios existe”, “Dios es el único ser vivo”.

En las escrituras judeocristianas se dice: “Yo soy aquello que es”. Es decir que no hay otro. “Yo soy el Ser”, y no hay otro. Todos los demás son marionetas.

Entonces, todo lo que vemos, todo lo que oímos, solo es Dios en movimiento. Todo lo que vemos es el cuerpo de Dios y la consciencia en nosotros que percibe es la consciencia de Dios. Y lo que actúa a través de nosotros, tanto como lo que vemos siendo el “bien” como lo que vemos siendo el “mal”, es Dios.

Hay un bello poema que fue transformado en canción por Georges Brassens que se llama “Te saludo María”:

“Por el pequeño niño que muere al lado de su madre
te saludo María”

Y al final dice:

“Por el beso perdido a través del amor reencontrado
y por el mendigo que ha encontrado su moneda
 te saludo María”.

Significa que atribuye a María -siendo María el símbolo de lo divino- lo que vemos como “el mal”: el niño que muere al lado de su madre. Y lo que llamamos como “el bien”: el amor reencontrado, el mendigo que vuelve a encontrar el dinero que había perdido. 

(Pasaje extraído del Encuentro de Julio de 2016)

¿Cómo se vive de manera impersonal?




Interlocutor: ¿Cómo se vive de manera impersonal?

Francis Lucille: Vivir de manera impersonal consiste en pensar de manera impersonal, sentir de manera impersonal, percibir de manera impersonal y actuar de manera impersonal.

Pensar de manera impersonal es no dejarse llevar por el pensamiento que reposa sobre la creencia de creer ser un consciencia separada. Para que esto pueda hacerse de una manera natural y fácil es importante haberse convencido, después de una investigación profunda, que nuestra consciencia o realidad no sea limitada. Porque ello nos da libertad de pensarnos “fuera de la caja”, fuera de la caja de la cabeza y el cuerpo. 

Así que cada vez que pensamos “yo” pensar más bien como en algo desconocido que en algo conocido. Es decir que el yo, la consciencia, es a la vez conocido íntimamente puesto que es lo que somos, pero lo conocemos de alguna manera de forma visceral -de la misma manera que una mujer embarazada conoce a su hijo que tiene dentro-; pero lo que es falso es creer que este "yo" lo conocemos objetivamente, porque objetivamente solo podemos conocer objetos y la consciencia no es un objeto. 

Entonces, tenemos que tranquilizarnos porque conocemos a la consciencia de la mejor manera posible, visceralmente, y al mismo tiempo nos permite no conocernos desde el punto de vista de la mente, y poner un punto de interrogación frente al pronombre yo. 

Somos lo desconocido, lo somos y porque lo somos lo conocemos, y al mismo tiempo somos todo y nada. Hay una gran libertad y una gran alegría cuando tomamos esta posición. Esto es lo que significa pensarse de manera impersonal.

Sentir y percibir impersonalmente es justamente lo que intentamos realizar en el yoga que hacemos aquí, que es abolir este límite artificial que separa el cuerpo del mundo. 

Intelectualmente lo sabemos, el cuerpo forma parte del mundo y del universo, está hecho de las mismas partículas que danzan junto a las demás partículas del mundo exterior; a todos los niveles, a nivel físico, a nivel químico, a nivel biológico, y a nivel de la información que intercambiamos. No hay separación, lo sabemos; pero aunque lo sepamos intelectualmente no lo vivimos. 

Y no lo vivimos porque tenemos hábitos muy fuertes que hemos adquirido en la ignorancia -el desconocimiento de nuestra verdadera naturaleza-. Entonces dentro de esta ignorancia hemos adquirido hábitos de sentir y de percibir que son de separación. Por lo tanto, a este nivel, vivir de forma impersonal es abstenerse de sentir y de percibir en términos de separación.

Y a nivel de la acción y de interacción con los demás, seres humanos y animados, del mismo modo abstenerse de actuar e interactuar en términos de separación. 

Entonces, usar todo este nuevo comportamiento como un campo de experimentación. 

Pero sin ser exigentes, no vamos a poder ser impersonales el cien por cien del tiempo; pero si ya en una ocasión que se presenta que en el pasado hubiésemos actuado personalmente y lo hacemos impersonalmente con la mejor intención posible, ese cambio es enorme, es la apertura de la vía; nunca se olvidará. Y esta apertura va a generar aperturas múltiples más adelante. 

Así que no se trata de ser perfectos, se trata de tener buena voluntad en esta dirección, intentarlo. Y en particular, cada vez que nos sentimos un poco depresivos, que algo no va bien, intentarlo. 

 (Pasaje extraído del Encuentro de Julio de 2016).